El pasado nunca queda atrás…

Cruz, Afonso. El pintor debajo del lavaplatos. Tragaluz editores, 2013. 

Afonso Cruz es de esas personas que tienen una vida idílica, hace la cerveza que se bebe, ilustra, tiene una banda y, además, tiene el talento de escribir. Sí, léase con el color de la envidia, verde como la portada de su libro El pintor debajo del lavaplatos. Hoy quiero recomendarles una nueva visita a su librería de preferencia y, si es posible, salgan y busquen alguna que no conozcan y pidan este libro. Si no lo tienen, lo cual es probable, pidan al librero que lo consiga y vayan a otra librería, así hasta que ya no tengan suela. 

En este pequeño experimento poco o muy trascendental, tal vez puedan descubrir tantas cosas que no imaginen y, créanme, lo van a atesorar en su memoria. En este libro hay que llegar con varios recorridos, por eso les invito a tomar una pequeña o larga caminata donde la búsqueda sólo sea el pretexto. 

Esta obra tiene pocos personajes, pero cada uno es la ventana a una personalidad peculiar que te puede dejar atribulado, confundido, filosofando… cada uno arma el perfecto retrato de la existencia humana, sea la que sea. Un retrato íntimo que toca diferentes etapas de la vida de Josef Sors, un pintor que vivió debajo de un lavaplatos. 

La novela está compuesta de breves pasajes a modo de instantáneas, en los que descubres a cada paso los matices de cada personaje y te ves como en un espejo que no tiene parangón. Mientras leía, deseaba ser igual de feliz que la señora Sors, menos directa que su esposo el mayordomo, más etérea como Františka y menos dispersa como el modo de vida de Josef. 

Llegué a este libro por una recomendación, después de preferir vino a un café. La verdad es que casi todo lo que leo tiene ese origen. Entonces estaba ahí, con esa persona que no quería ver, pero que no podía dejar de ver. Hojeamos varios libros, dimos nuestras respectivas recomendaciones hasta que sus dedos se cruzaron con este ejemplar, que él asegura haber vendido, al menos, 80 veces o más. Este no me lo vendió. Llegamos a este café librería que según su percepción está desalmada (una pista, Santa María la Ribera).  A mí me pareció un espacio adecuado para sentarse, relajarse y pedir la copa de vino; leer tranquilamente mientras el bullicio de la ciudad no llega a tus oídos. 

Afonso Cruz es vidente, porque justo en el punto en el que yo quería renunciar, uno de sus personajes declaró sin tapujos: “Dedíquese a la gramática, que es su sueño” (p.43).  Así que después de todo eso lo hice, más o menos, y empecé a escribir esta reseña para Gramáticos Anónimos con esa ilusión que no tenía Jozef Sors, pero con la misma convicción con la que él dibuja ojos cerrados y ojos abiertos. 

La obra está construida con piezas aforísticas, sutilmente distribuidas en una narración sencilla y cadenciosa, con un toque de cierto escepticismo impregnado en su protagonista y que refleja el espíritu filosófico del autor, al mismo tiempo que teje la atmósfera de la obra. Este libro, sin lugar a dudas, es un homenaje indirecto a la literatura y sus lectores. 

Otra de las habilidades de Cruz es hacer que las cosas extraordinarias parezcan familiares, tanto que parece que las respiras, te sumerges lo suficiente al punto de creer que al dibujar un árbol, descifras el universo. Y al contrario, las cosas más comunes en la sencillez de su existencia y cotidianidad se muestran de la manera más excepcional. ¿Quién podría creer que un hombre es capaz de matar a otro de manera tan involuntaria sólo porque no entiende las metáforas? Quizá por eso se producen las guerras. 

Debo decir que amenacé a mi librero de cabecera. Si esta recomendación me desilusionaba como la anterior, cambiaría de librero. Por un segundo temí y pensé, “¿entonces, qué voy a leer?”. Siempre hay una solución. Ustedes, lectores, pueden empezar a recomendarnos sus lecturas y seguir acercándonos a obras que difícilmente encontraremos de manera casual en una librería desalmada o en una feria del libro donde al parecer ya no hay tiempo para explorar. Pero esta obra, al contrario de decepcionarme, me dejó saber que siempre hay un comienzo después de una salida. 

Una última recomendación para concluir, el mejor modo de leer la página 54 es con esta pieza de fondo: Concerto for Piano and Orchestra No. 23 in A Mayor: II. Adagio, tengan un pañuelo a la mano. 

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