Mande usted

Cuando era niña mi mamá y abuela me regañaban constantemente si no respondía a su llamado con un cordial mande. Nunca asocié su petición con el significado literal de la palabra, para mi significaba ¿qué?, ¿qué pasó?, ¿qué quieres?, porque siempre lo usaba con esa intención y para dar pie a que la persona me dijera lo que quería de mí. En ese momento, no lo relacioné con que la otra persona me estaba mandando algo, porque no era el uso que le daba. Por ejemplo:

(Yo en la lela viendo Ranma ½)

—Oye, ¿qué te dejaron de tarea hoy?

(Sigo en la lela y no me entero de nada).

—Oye, te estoy hablando…

—¿Mande?

—Que, ¿qué te dejaron de tarea?

—Ah, nada…

(AJajaja, Ryoga se perdió de nuevo, cerdito bobo.)

Este tipo de conversaciones profundas eran comunes en mi niñez. Como se lee, realmente mi mamá no pretendía ordenarme nada, sino preguntarme algo y yo respondía con otra pregunta porque no la había escuchado, ese mande no significaba que esperaba una orden, sino que me repitiera su duda. 

Honestamente, nunca caí en la cuenta de esto hasta que, una vez, hablando con un chileno, él comentó algo y yo me perdí en la conversación y dije «¿mande?» y él me respondió con un tono medio burlón: «¿Qué te mando»? Yo no supe qué contestar, porque me sacó de mi patrón natural en el que usaba esa palabra, por supuesto, al ser chileno, él no estaba acostumbrado a que le preguntaran algo con un verbo de mandato. Me saltó que me preguntara sobre qué quería que me mandara, fue como un cortocircuito. Después de explicarle a qué me refería, se hizo el silencio y un aire de sabiduría inundó la plática… Claro que no, él se siguió riendo cada vez que yo le respondía con mande, porque lo encontraba muy curioso.

No poco se ha estudiado sobre esta palabra que causa más de una ceja levantada, habrá quien piense que es claramente un vestigio de nuestro pasado colonial que implica sumisión; no obstante, Concepción Company, lingüista de la Academia Mexicana de la Lengua, comentó que, aunque está ampliamente difundida esta teoría, no hay pruebas que la sostengan. Company se echó un clavado en el Corpus Diacrónico del Español (CORDE) y de las 9000 entradas que arrojó la búsqueda ninguna implicaba un uso de sumisión ni referencias a alguna imposición colonial. Por supuesto, bien podría ser que sí hubo algún tipo de imposición que solo se haya dado en la oralidad y el CORDE no lo recoja; pero, por el momento, no hay documentación que lo confirme.

José G. Moreno de Alba, otro lingüista muy sesudo, le dedica una entrada muy breve a esta palabra en su bonito librín Minucias del lenguaje, en el que comenta que hay un carácter cordial y respetuoso en el español mexicano que puede deberse tanto a situaciones sociolingüísticas de nuestro pasado como a una cierta ritualidad inconsciente operando en nuestro complejo sistema de comunicación. Sobre este mismo asunto comenta:

Aquí entran expresiones tales como mande (usted) o a sus órdenes que solemos usar cuando somos requeridos por alguien, independientemente de la diferencia jerárquica (social, económica, de edad, etc.) que se dé entre los interlocutores. Quizá el origen histórico de esas fórmulas haya sido en efecto una relación de sometimiento, habrá que investigarlo. Hoy empero deben considerarse, al menos eso creo, como una manifestación más del carácter señaladamente cortés del español mexicano.

No sé qué tan cordial se considere en una situación como esta:

(Nuevamente, en la lela viendo Sailor Moon).

—Pásame las toallas del cuarto.

(¡Noooo, vieja bruja! ¡Deja en paz al Trío Amazonas!)

—Oye, que me pases las toallas.

(¡Asumecha!, eran animales. Ellos sólo querían tener un sueño). 

—¡Te estoy hablando que me pases las toallas!

—¡Mande! 

—¡Las toallas!

—Ah, toma.

Este tipo de pláticas animadas también eran comunes en mi niñez. Ese mande no era muy cordial ni cortés ni amable ni nada que se considere educado o cálido. Era un mande sonoro y con aires de fastidio, equivalente a un violento ¡qué!, pero como finalmente decía la palabra mágica, nadie lo consideraba grosero.

Todo mi choro es solo para reflexionar sobre el uso de esta palabra. Hasta el momento en que mi amigo chileno me hizo la pregunta sobre «qué me mandaba», no me había dado cuenta de lo desconectado que está el uso que le doy a la palabra con su significado, al grado de que lo primero que le respondí fue «¿Cómo?», porque no entendí su pregunta así de primeras. 

Es interesante cómo el significado de una palabra se diluye tanto en determinados contextos que termina pareciendo una falla en la matrix, aunque no lo sea, como bien dicen nuestros lingüistas de cabecera, pues solo es una marca de cortesía que, quizá en su origen tenía la intención de ponerse amablemente a la disposición de alguien, sin caer en la servidumbre. Ahora equivale a decir ¿qué pasó?, ¿qué dices?, ¿cómo dices?, ¿qué?; prácticamente, es una palabra que intenta retomar lo dicho por el interlocutor y que dependiendo del contexto puede no sonar muy cálida.

A los niños pequeños en mi entorno también se les enseñó que no se respondía con qué, sino con mande cuando alguien los solicitaba, costumbre, le dicen; sin embargo, estoy segura de que más de una vez nos han respondido con un alto, sonoro e interrogativo qué, pero ya casi a nadie le causa escozor como antes a mi abuela. Con esto no digo que caerá en desuso, pero ¿nos estaremos volviendo menos corteses? Quizá simplemente sea que todo cambia, ¿qué piensan?

Fuentes:

José G. Moreno de alba, “Mande usted, a sus órdenes”, en Minucias del lenguaje, México: FCE, 2012, p. 291.

Darío Brooks, «¿Mande?»: qué tanto hay de «sumisión» en esta respuesta de cortesía tan usada en México, en BBC News Mundo, 6 septiembre 2018. (Consulta 29 noviembre 2021).

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