Apología de lo escatológico

Millán, L. & Ortiz, A. La ciencia de la pancita chelera y otras rarezas del cuerpo. Grijalbo, 2020. 

La verdad es que el título me creo expectativas falsas… pero no me crean del todo, mientras lo leía, bebí cantidades ingentes de cerveza (quizá hay un marketing oculto) y, aunque la brisa del mar me despertaba cada tanto de mi letargo, dudaría de mi lógica, incluso, sobria. Pero la culpa es de la chela, no de la ciencia. 

Durante la lectura de este libro pensaba en mi mejor amiga. ¿Ya les había hablado de ella, cierto?

Imagínense a un ser con un sentido del humor increíble y el poder de hacerte reír a carcajadas, al mismo tiempo, que le temes si hay una sobre-circulación de aguas locas; puede, incluso, amenazarte con quemar tus libros, o sea… ¡¿Qué?! Una cosa es que te retire la amistad, que ya es demasiado, pero otra es su afán por destruir tus aburridos libros (que alguien piense en los libros). En fin, estaba leyendo este ejemplar y pensaba en esta amiga (¡qué bueno que no sabe dónde vivo!, porque después de esto sólo veo llamas). Me disculpo con las autoras, pero únicamente escuchaba en mi cabeza su voz en cada línea. Ale, Leo, si, eventualmente, escuchan un podcast con alguien leyendo algunos párrafos de su libro, no se pregunten por qué, en todo caso, es momento de contratarla para que les ayude a difundir la palabra, queremos correr la voz y abrir una secta de divulgación científica. 

Mientras todo esto sucedía en mi mente (maldita psicópata), también pensaba en lo repugnante, caótico, complejo, místico, mágico y especialmente musical (sí, lo digo por los pedos) que es nuestro cuerpo.

Se trata de células, química y funciones que son “puro error evolutivo”. Sí, amigos, no somos particularmente excepcionales y si se creían asombrosos será mejor que asuman que su existencia comenzó como un parásito y que, probablemente, lo sigan siendo (perdóname, mamá). Así es, han desperdiciado su dinero en cursos de coaching y libros de autoayuda, mejor compren una chela o el libro, o los dos. No importa el orden, solo háganlo. 

La ciencia de la pancita chelera tiene momentos ligeros, muy ligeros, como el pedo. No sé por qué al momento de leer ese tema pensé en cómo se pedorrea la reina de Inglaterra, porque sí, lo hace todos los días y tú también (no te hagas), esto y más gracias a tu microbioma. Ya les dije, mi mente funciona de maneras incorrectas. 

El libro también cuenta con momentos incómodos, o sea, ¿cómo le voy a explicar a la policía cibernética por qué quería averiguar qué animales tienen más de un ano? ¡¿Cómo?! 

Hay momentos reveladores, sí, justo del tipo “amiga date cuenta”. De este tema te puede contar más Ratino, el pobre sufrió mucho por culpa de los químicos que habitan en la cabeza y su equívoco sobre el amor romántico. No se agüiten, la oxitocina puede hacernos el paro, ¿quieres saber cómo? Exacto, ve a tu librería favorita y ordena un tomo de La ciencia de la pancita chelera.

Aún hay más, si un día te preguntaste por qué se te ponen los ojos rojos después de nadar un rato en la alberca, no necesariamente fue culpa del cloro; o acerca de la relación frío-gripe; o si nuestro cuerpo es capaz de producir drogas ilegales (aquí aparece otra amiga que no requiere de un mililitro de alcohol para estar borracha, probablemente tenemos a la misma otra amiga en común, tú sabes quién eres); o algo que seguro ya sabías: sin el sol puedes morir, pero también puede matarte… ¡Exacto!, porque cáncer. Parece lo mismo, pero no. La vida está llena de trampas, es una trampa maldita (es aquí cuando te levantas y empiezas a bailar, guiño guiño). El humor no falta en esta reseña y, afortunadamente, tampoco en el libro. 

Prepárate para una aventura corporal. No, no de esa clase… (lo siento, muchos estamos en época de sequía) igual lo vas a disfrutar; ya no tendrás dudas de por qué eres repugnante y hasta lograrás apreciar más tus desechos sólidos, incluso querrás comprarte un banquito para acomodarte mejor en el trono. 

Y la mejor parte: un tip para recuperarte de la resaca, ¡en tu cara ácido acetilsalicílico! 

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