Nadie puede escapar de Páradais

Melchor, Fernanda. Páradais. Penguin Random House Grupo Editorial, 2021. 

“La violencia anida dentro de nosotros también, 

en nuestras relaciones más profundas, 

en nuestros deseos, en nuestros sueños.”

Fernanda Melchor

La nueva novela de Fernanda Melchor me ha dejado inquieta. Cuando cerré el libro después de releer tres veces las últimas 10 páginas no sabía qué hacer con él. Mi primer instinto fue esconderlo. No quería que mi madre fuera testigo del terror de estas páginas, pero quién era yo para negarle una obra. Ella ya conoce el estilo de Melchor; ha leído Temporada de Huracanes y no le gustó. Es una difícil decisión. Y no es porque la obra de Fernanda sea mala, sino que desnuda de tal modo al ser humano que es difícil de digerir. Vamos, recuerdo cuando terminé de leer Temporada de Huracanes, estaba privada en llanto, sentía cómo cada fibra de mi cuerpo se convulsionaba, había tanto dolor que no podría describirlo. 

Y es que Fernanda es tan lúcida para describir la miseria humana. Es como si tuviera el don de hacerte sentir las emociones más abyectas y, al mismo tiempo, ser la persona más desenfadada del mundo, pero una cosa no tiene que ver con la otra. 

Antes de ir sobre Páradais, la última novela de Fernanda Melchor, publicada en 2021 y traducida, al menos, a 15 idiomas, les contaré brevemente sobre cómo llegué a esta autora. No quiero hacer comerciales, pero una noche de verano (no fue en un café), escuché una entrevista con la autora en Telegrafía sin hilos de Convoy.  El locutor de esa emisión leía uno de los párrafos de Temporada de Huracanes, no entendí de qué iba, pero las pocas líneas que escuché me atraparon al instante. Luego, como si mi celular no me espiara, me apareció una publicación sobre la presentación de la novela. Tenía que ir y estar ahí. Así que un 21 de agosto de 2018 –sí, época feliz de prepandemia– arrastré a uno de mis mejores amigos y fuimos a verla. Compré su novela. Me firmó el libro (sí, por eso sé con exactitud la fecha). Me enamoré de ella. 

Pasaron un par de semanas antes de abrir Temporada de Huracanes. La primera parte fue un tanto ininteligible, pero esa opacidad era parte del ambiente de la obra y sus personajes, por ello, cuando terminé de leerla fue como si un huracán hubiera pasado sobre mí y me hubiera quitado todo, incluso la esperanza. Cual fan, la empecé a seguir en sus redes. Después de Temporada, Fernanda se convirtió en toda una celebridad: presentaciones, entrevistas, premios; incluso, fue una tendencia en Twitter, sólo por decir “inocentemente”: “¡Si quieren verse generosos, regalen las nalgas, culeros, no mis libros en PDF!”. La verdad es que no podía amarla más. Y es que detrás de la publicación de un libro, hay un ejército de profesionales que viven al día. (Eso me trae a la mente una nueva polémica, sólo busquen #ANTICONVOCATORIA, #SEPpagalojusto y #lailustracionsepaga para que se enteren de la dimensión del asunto; cómo me hubiera gustado que el gremio completo hubiera fijado su postura, pero esa es otra historia). 

Regresemos a Fernanda. Volví a escucharla en Convoy y estaba hablando de su nuevo libro, así que lo primero que hice fue correr a la librería más cercana. Páradais también se estuvo añejando en la mesa de centro. Me miraba de reojo de vez en vez para susurrarme: “ábreme”. 

Páradais es una novela mexicana, realista, corta, con un toque de terror. No del ficcional, sino de ese que te hace pelar el ojo hasta altas horas de la madrugada porque no sabes qué hacer. 

Dividida en tres partes, contada en tercera persona, con un lenguaje muy coloquial y retórico que produce un efecto neblina. La novela va de dos chicos que se reúnen por las noches para embriagarse. Uno de ellos vive en un residencial lujoso en Veracruz, llamado Páradais; es un chico grueso y obsesionado con una de sus vecinas. El otro es empleado de este opulento conjunto; es un jardinero taciturno harto de su vida. Su primer encuentro es circunstancial, lo que hace que se crucen en el camino es su deseo de huir desesperadamente, aunque no por las mismas razones. La amistad no es algo que los una en esos encuentros, en los que el alcohol es el único bienvenido, sino su urgencia de conseguir lo inaccesible. Mientras Polo desea escapar de su miseria material, personal y social; Franco sólo piensa en satisfacer su deseo carnal a cualquier costo. 

A través de las tres partes, Fernanda va narrando de menor a mayor intensidad el infierno que vive Polo y el plan siniestro que va maquinando Franco, al que Polo es irremediablemente succionado. Con un final bastante abierto, sus últimas páginas son una tormenta de brutalidad que ni Polo, acostumbrado a tanta crueldad, hubiera sido capaz de imaginar. 

La genialidad de esta novela radica en un perfecto juego de antítesis, en el que las apariencias resultan ser muy contradictorias y donde la violencia ocurre en cualquier lugar y por cualquier pretexto. Ya Fernanda declaraba en alguna de sus entrevistas: “Hablar de cómo es imposible contener la violencia y el mal, trasladar el infierno a un lugar idílico”. 

Esta capacidad de ser infame despierta una inquietud sombría en el lector, no sólo por los actos de sus protagonistas, sino por el estilo narrativo tan visual que te inunda con una bocanada de realidad que, sin duda, es asfixiante. Porque ninguno de nuestros días está exento de alguna atrocidad, porque todos los días escuchamos alguna historia que termina mal, tanto que nuestra sociedad ha quedado impasible. Y aunque, este libro pareciera decir algo tan normalizado, es imposible no regresar la mirada y quedarse atónitos, por mucho que estemos tan asqueados de lo mismo. 

En fin, siempre me pregunto, por qué no hay buenas películas mexicanas. A riesgo de ser muy reduccionista, cómo me gustaría que Fernanda escribiera un guion cinematográfico; sé que está escribiendo uno para una serie que pronto veremos en pantalla. Sé que nos volverá a dejar inmutados. Sé que el horror no termina con esta novela. 

Léanla. 

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